Con el inicio del ciclo 2026, miles de personas se ponen como propósito perder peso. Sin embargo, lograrlo no siempre es fácil. Más aún, hacerlo de manera segura y saludable.
Instituciones de salud y nutrición han identificadotres regímenes alimenticios que destacan por su eficacia y respaldo científicopara quienes buscan un peso más sano.
Estas propuestas —la dieta nórdica, la flexitariana y la volumétrica— se presentan en enero comoalternativasal modelo tradicional mediterráneo, enfocándose en la saciedad, el control metabólico y la reducción de procesos inflamatorios, adaptándose a diferentes estilos de vida y necesidades biológicas en diversos continentes.
Una opción para perder peso: La dieta nórdica
La dieta nórdica ha ganado tracción como una alternativa robusta debido a su énfasis en productos del norte de Europa. A diferencia de otros regímenes, utiliza el aceite de canola como principal fuente de grasas monoinsaturadas, el cual posee un punto de humo más alto y un contenido significativo de omega-3. Su estructura se basa en el consumo de pescados grasos, cereales de grano entero como el centeno y la cebada, y raíces vegetales.
Estudios clínicos indican que este modelo no solo favorece la reducción del tejido adiposo, sino que también mejora el perfil lipídico en la sangre. Al reducir la ingesta de alimentos ultraprocesados y azúcares refinados, el cuerpo utiliza de manera más eficiente las reservas energéticas.
Es considerada una de las dietas más sostenibles a nivel ambiental, lo que la convierte en una opción novedosa para quienes buscan coherencia entre salud y ecología.
Flexitarianismo y el enfoque volumétrico
El modelo flexitariano se consolida como una de las opciones más versátiles en 2026. Consiste en una alimentación mayoritariamente basada en plantas, pero que permite el consumo ocasional de proteína animal de alta calidad. Este enfoque facilita la transición hacia un peso saludable al aumentar drásticamente la ingesta de fibra dietética, lo que prolonga la sensación de saciedad y regula los niveles de glucosa, evitando los picos de insulina que promueven el almacenamiento de grasa.
Por otro lado, la dieta volumétrica, diseñada originalmente por la Dra. Barbara Rolls, se basa en la densidad energética de los alimentos. Este método clasifica las comidas según su volumen en relación con sus calorías; así, se priorizan alimentos con alto contenido de agua y fibra, como caldos, frutas y verduras. El objetivo es que el individuo pueda consumir porciones más grandes con menos calorías, reduciendo el hambre psicológica que suele provocar el abandono de otros planes restrictivos.
Sostenibilidad y supervisión profesional
Un factor determinante para el éxito de estos propósitos en 2026 es la adherencia a largo plazo. Los expertos señalan que la efectividad de una dieta no reside en la restricción extrema, sino en el cambio de hábitos estructurales.
La dieta flexitariana, por ejemplo, ha demostrado ser menos estresante para el sistema nervioso central al no prohibir grupos alimenticios completos, lo que reduce la producción de cortisol, hormona vinculada con la retención de grasa abdominal.
Finalmente, es importante destacar que todo cambio en el régimen alimenticio debe contar con el aval de un nutricionista certificado.
La personalización según la tasa metabólica basal y el nivel de actividad física es fundamental para evitar la pérdida de masa muscular durante el proceso de reducción de peso.
Estos métodos y un plan de ejercicio regular garantiza que los resultados obtenidos en el primer trimestre del año se mantengan.