Antes de probar un bocado, el cerebro ya decidió. El aroma de los alimentos influye de forma directa en el apetito, las emociones y hasta en la percepción del sabor, convirtiéndose en un factor clave al momento de elegir qué comer.

El olfato es uno de los sentidos más poderosos y menos conscientes. A diferencia de la vista o el gusto, los aromas viajan directamente al sistema límbico del cerebro, la zona encargada de las emociones y la memoria. Por eso, el olor de un plato recién preparado puede despertar hambre inmediata, incluso si no se tenía apetito minutos antes.

Cuando percibimos un aroma agradable, el cerebro activa señales que estimulan la producción de saliva y jugos gástricos, preparando al cuerpo para comer. En ese instante, la decisión ya está tomada: queremos ese alimento.

Oler es “probar” antes de comer

Aunque muchas personas creen que el sabor depende solo de la lengua, en realidad hasta el 80% de lo que llamamos sabor proviene del olfato. Al oler un plato, el cerebro anticipa cómo sabrá y evalúa si será placentero o no.
Si el aroma resulta atractivo, se genera una expectativa positiva; si es desagradable o inexistente, el interés disminuye, aunque el alimento sea nutritivo.

Por esta razón, cuando estamos resfriados y no percibimos bien los olores, la comida suele parecernos insípida.

Aromas que activan recuerdos y emociones

El olor de un alimento también está profundamente ligado a la memoria. Un plato puede recordarnos la infancia, la casa de la abuela o un momento especial, influyendo en la elección sin que lo notemos. Los aromas dulces y cálidos, como la vainilla, la canela o el pan recién horneado, suelen generar sensaciones de bienestar y seguridad, mientras que otros olores pueden provocar rechazo inmediato.

Esta conexión emocional explica por qué muchas personas prefieren ciertos platos más por lo que evocan que por su valor nutricional.

Marketing y gastronomía: el aroma como estrategia

Restaurantes, panaderías y cadenas de comida rápida aprovechan el poder del aroma para atraer clientes. El olor a café recién molido, pizza caliente o pollo asado no es casual: está diseñado para estimular el apetito y provocar decisiones impulsivas.

Incluso en casa, el simple hecho de cocinar puede aumentar el hambre más que ver fotos de comida, porque el aroma actúa de forma directa sobre el cerebro.

¿Podemos usar el aroma a nuestro favor?

Sí. Elegir alimentos con aromas agradables y naturales puede ayudar a disfrutar más comidas saludables. Hierbas, especias y técnicas de cocción que potencien el olor hacen que platos sencillos resulten más atractivos, reduciendo la necesidad de excesos en sal o azúcar.

En definitiva, el aroma no solo acompaña a la comida: guía nuestras elecciones, despierta emociones y prepara al cuerpo para disfrutar lo que está por venir, incluso antes del primer bocado.