Desde finales de la década de 1980, la ciudadela El Florón en Portoviejo, capital de la provincia de Manabí, Ecuador, registra procesos de invasión de tierras que iniciaron entre 1984 y 1987 en la zona conocida como El Florón 4, extendiéndose en 1992 a los sectores 1, 2, 3 y 4. Estos asentamientos irregulares, impulsados por la necesidad de vivienda, han limitado durante décadas el acceso pleno a servicios públicos y han generado impactos en los ejes económico, social, territorial y ambiental de la ciudad, según testimonios de dirigentes comunitarios y expertos en planificación urbana.
El dirigente comunitario Jairo Alcívar, vinculado a la dirigencia de El Florón desde hace más de cuatro décadas, relató que el proceso de invasión comenzó en 1984-1987 en El Florón 4. En 1987 se logró la construcción del primer centro educativo y un subcentro de salud. A partir de 1992, tras la legalización de las tierras ocupadas irregularmente, fue posible ejecutar obras básicas como el lastrado de calles, el alcantarillado sanitario y otras infraestructuras esenciales.
“El hecho de ser un asentamiento irregular nos limitó a vivir con dignidad y a recibir los servicios básicos desde el principio”, indicó Alcívar. En los primeros años, instituciones como el municipio, la prefectura y el gobierno central no podían intervenir directamente debido a la falta de regularización de los predios.
Los asentamientos irregulares, comunes en ciudades ecuatorianas como Portoviejo, responden a dinámicas migratorias del campo a la ciudad y a la falta de opciones de vivienda formal, fenómeno que se intensificó en las décadas de 1980 y 1990 en Manabí.
Impactos en el desarrollo sostenible
Freddy Albán, consultor en desarrollo y planificación urbana, explicó que el desarrollo sostenible de una ciudad se sustenta en cuatro ejes principales: económico, social, territorial-ambiental e institucional. El crecimiento desordenado generado por las invasiones afecta negativamente cada uno de estos pilares.
En el eje social, las ocupaciones irregulares provocan problemas como pobreza, exclusión social, deficiencia en servicios básicos y menor calidad de vida. Estas condiciones hacen a las comunidades más vulnerables ante diversas amenazas.
“Las invasiones son un caldo de cultivo para la inseguridad y afectan la estructura familiar en estas zonas”, añadió el experto.
Desde el punto de vista económico, los territorios irregulares presentan un crecimiento más lento, lo que impacta los ingresos y la calidad de vida de sus habitantes, en comparación con áreas planificadas.
Consecuencias territoriales y ambientales
El mayor impacto se registra en el eje territorial y ambiental. Los asentamientos irregulares suelen ubicarse en zonas de riesgo, convirtiéndose en focos de posibles incendios, deslizamientos, deforestación y deterioro ambiental.
Albán señaló que estas ocupaciones no solo perjudican a los residentes directos, sino que comprometen la sostenibilidad a largo plazo de toda la ciudad. En Portoviejo, el crecimiento urbano no planificado ha llevado a la ocupación de colinas y áreas vulnerables, incrementando la exposición a riesgos naturales como sismos, inundaciones y movimientos en masa, según diversos estudios sobre la provincia de Manabí.
A pesar de los avances en legalización y obras posteriores a 1992, los efectos acumulados de décadas de expansión desordenada continúan representando un reto para la planificación territorial y el desarrollo integral de Portoviejo.
En abril del año pasado, denuncias ciudadanas alertaron sobre supuestas invasiones en las colinas que circundan las ciudadelas Las Orquídeas, Los Llanos, Condado Oeste y Fabián Palacios. Sin embargo, hasta la fecha se han formalizado denuncias de parte de los dueños de los predios, según las autoridades municipales y de la Intendencia de Policía de Manabí.