El año 2025 se ha consolidado trágicamente como el periodo más sangriento en la historia reciente del país, superando todos los registros anteriores de criminalidad. Sin embargo, un fenómeno alarmante es que la violencia en Ecuador ha dejado de concentrarse exclusivamente en las grandes urbes para diseminarse, como si se tratase de un cáncer con metástasis, hacia cantones con menos de 100 mil habitantes. Esta expansión delictiva siembra el pánico en comunidades que antes eran pacíficas y ahora registran números de muertes sin precedentes. Las cifras oficiales son devastadoras: hasta el 28 de noviembre, se contabilizaron 8.272 homicidios intencionales, superando las 8.248 muertes violentas de todo el 2023.

Esta dispersión del delito ha golpeado con fuerza inusitada a provincias como Los Ríos y zonas rurales del Guayas, donde la dinámica delictiva ha transformado la vida cotidiana de sus habitantes. La violencia en Ecuador ahora se manifiesta en masacres crueles dentro de moteles y ataques de piratas con fusiles en altamar, demostrando que las organizaciones criminales no respetan límites territoriales ni horarios. La provincia de Los Ríos, por ejemplo, ya registra 1.147 asesinatos, convirtiéndose en una de las jurisdicciones más peligrosas, lo que confirma el desplazamiento de las estructuras armadas hacia zonas estratégicas para el tráfico ilícito y el secuestro.

Terror y muerte en un hospedaje de Urdaneta

Un claro ejemplo de esta brutalidad ocurrió durante el fin de semana del 13 y 14 de diciembre en el cantón Urdaneta, provincia de Los Ríos. Un motel ubicado en la vía hacia Caluma fue el escenario de una masacre la tarde del domingo, donde la violencia en Ecuador cobró la vida de cuatro personas en las habitaciones 5 y 6. Entre las víctimas mortales se identificó a una menor de edad de 17 años, Maryuri P., y a Luis Rivas Jiménez, de 19 años. A ambos los ejecutaron con armas de fuego dentro de la habitación número 5, sin tener oportunidad alguna de escapar de sus verdugos.

La situación escaló dramáticamente en la habitación contigua, donde David Arana Bricio, de 22 años, intentó repeler el ataque armado, pues portaba un arma. En el cruce de balas, producto de la incontrolable violencia en Ecuador, Arana falleció, pero logró abatir a uno de los sicarios, identificado como José Gavilanes Castro, de 26 años, quien portaba una capucha para ocultar su identidad. Este enfrentamiento armado revela que la guerra en las calles ha llegado a niveles donde las víctimas también responden con fuego, incrementando la beligerancia en estos cantones pequeños.

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Vehículos clonados y rutas de escape

Las investigaciones preliminares de la Policía Nacional detallaron que los atacantes llegaron en una camioneta con placas falsas, la cual había sido reportada como robada en el cantón Vinces el pasado 17 de noviembre. Este modus operandi es característico de la violencia en Ecuador, donde la logística criminal incluye el uso de vehículos robados para garantizar la impunidad tras cometer los asesinatos. Aunque una mujer logró huir de la escena en medio del pánico, el paradero de los otros tres atacantes, uno de ellos presuntamente herido, sigue siendo desconocido para las autoridades que arribaron al sitio.

Hasta el cierre de esta edición, no se ha determinado el origen exacto del conflicto, pero el traslado de los cuerpos a la morgue de Babahoyo marca otro capítulo doloroso para las familias riosenses. La violencia en Ecuador en esta zona sugiere disputas que van más allá de la delincuencia común, involucrando planificación y recursos logísticos avanzados. Mientras tanto, la ciudadanía en Urdaneta vive con el temor de que estos hechos se repitan, al ver cómo su tranquilidad ha sido secuestrada por grupos que operan con total libertad de acción.

Pescadores bajo el asedio de la extorsión en Playas

En el perfil costanero, específicamente en el cantón General Villamil (Playas), la situación es igual de crítica para el sector pesquero artesanal. La comunidad de Puerto Engabao vive aterrorizada por los piratas que exigen "vacunas" para permitirles trabajar. La violencia en Ecuador en altamar cobró la vida del pescador Aníbal Tomalá García, de 60 años, quien fue asesinado la noche del jueves 11 de diciembre. Los delincuentes, armados con fusiles de alto calibre, no solo robaron siete motores fuera de borda, sino que dispararon a matar cuando uno de los trabajadores intentó huir de la emboscada en medio de la oscuridad.

Lo más indignante para los comuneros es que, según testimonios recabados, muchos ya pagan las extorsiones exigidas para recibir supuesta seguridad, pero igual son atacados y despojados de sus herramientas. Esta contradicción expone la crueldad de la violencia en Ecuador, donde el pago de la cuota extorsiva no garantiza la vida ni el patrimonio. "Pagamos para que nos cuiden, pero igual nos asaltan", relató un pescador, evidenciando la indefensión absoluta en la que se encuentran frente a bandas que operan impunemente en el Golfo de Guayaquil y huyen hacia Puerto Bolívar.

Masacres en el mar y debilidad institucional

El terror en Engabao no cesó con la muerte de Tomalá. Otro reporte confirmó el asesinato de tres pescadores más el mismo fin de semana, quienes fueron acribillados por negarse a pagar la "vacuna". Este hecho confirma que la violencia en Ecuador tiene un precio tasado en vidas humanas para quienes se resisten a financiar a las bandas delictivas. Fueron los propios compañeros de faena quienes debieron rescatar los cuerpos sin vida del agua ante la ausencia de unidades de rescate inmediatas, lo que demuestra el abandono estatal en estas zonas costeras.

A pesar de que la Armada ha reportado un incremento en los patrullajes y la Fiscalía ha abierto indagaciones, los pescadores denuncian que la vigilancia es insuficiente ante la logística de los piratas. La violencia en Ecuador ha paralizado las actividades económicas en comunas como Engabao, donde el miedo a represalias silencia las denuncias formales. La intervención de la Dinased para el levantamiento de indicios balísticos es vista por los locales como una respuesta tardía ante una crisis de seguridad que ya se ha desbordado en el mar.

Un año récord que sepulta las metas gubernamentales

En los casos de Urdaneta como de Playas la violencia se registra en cifras alarmantes, sobre todo porque ambos cantones tienen menos de 100 mil habitantes. El contexto nacional es desolador y las estadísticas no mienten. Con más de 8.272 muertes en once meses, el 2025 es el año más violento de la historia. La violencia en Ecuador se alimenta del narcotráfico y la disputa de territorios, siendo la Zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) la que concentra el 33% de los casos con 2.760 homicidios. Sin embargo, el crecimiento de los asesinatos en provincias como Manabí (1.141 muertes) y Los Ríos demuestra que los corredores estratégicos de la droga atraviesan y contaminan fatalmente a las poblaciones más pequeñas.

El Gobierno Nacional, a través de su Plan Nacional de Desarrollo, se había planteado reducir la tasa de homicidios de 45,11 a 39,11 por cada 100.000 habitantes para 2025, pero los datos actuales confirman que el objetivo no se logró. La violencia en Ecuador sigue en escalada, impulsada por sicariatos, secuestros y extorsiones que mantienen en vilo a la población. Las medidas de seguridad implementadas no han podido frenar el avance de las bandas, dejando a la ciudadanía con una profunda sensación de desprotección estatal.