Las enfermedades hepáticas representan un grupo amplio y diverso de patologías que hoy tienen una alta presencia en la población. Sucre Macías, especialista en diagnóstico por imágenes, explicó que las más frecuentes están asociadas a procesos crónicos como el hígado graso, la fibrosis hepática y la cirrosis, aunque existen muchas otras de origen congénito o infeccioso. Estas afecciones comparten un elemento clave: su evolución suele ser silenciosa y progresiva, lo que vuelve fundamental la detección temprana para evitar complicaciones mayores en el futuro.

En el contexto local, Macías señaló que estos problemas no son exclusivos de una ciudad o provincia, sino que se repiten en todo el país. La alimentación basada en productos ultraprocesados, azúcares refinados, harinas y frituras, sumada al sedentarismo, la obesidad y enfermedades metabólicas, crea un escenario propicio para el daño hepático. A ello se añade el consumo de alcohol, incluso en cantidades moderadas, como un factor que contribuye al desarrollo de estas patologías.

El especialista detalló que el hígado cumple funciones normales de almacenamiento de grasa como reserva energética, un proceso fisiológico. El problema surge cuando existe un desequilibrio entre la grasa que ingresa y la que se utiliza. Ese exceso provoca inflamación, daño celular y la formación de cicatrices ricas en colágeno, conocidas como fibrosis. A medida que estas cicatrices aumentan, el órgano se endurece y pierde funcionalidad, dando paso a etapas más severas.

De la esteatosis al daño irreversible

Macías describió cómo la progresión del daño hepático puede avanzar desde un hígado graso aparentemente inofensivo hasta cuadros complejos. El hígado intenta regenerarse formando nuevas células, pero cuando estas quedan atrapadas entre zonas de fibrosis aparecen nódulos de regeneración, un signo de cirrosis. Este ciclo constante de daño y reparación puede volverse tan acelerado que algunas células mutan, lo que abre la puerta al desarrollo de cáncer hepático.

La importancia del diagnóstico temprano radica en que las primeras etapas, como la esteatosis o la fibrosis inicial, son potencialmente reversibles si se trata la causa subyacente. En cambio, cuando el daño alcanza fases avanzadas o se establece la cirrosis, ya no existen tratamientos curativos, solo medidas para controlar síntomas y prevenir complicaciones. Por ello, Macías insistió en no subestimar hallazgos iniciales que muchas veces se consideran menores.

En cuanto a la cultura preventiva, el especialista reconoció que la mayoría de personas acude al médico cuando ya presenta molestias. Los chequeos por iniciativa propia son minoritarios, en gran parte por desconocimiento o por la percepción de bienestar. Sin embargo, existen pacientes que sí realizan controles periódicos, aunque no es lo habitual. Esta falta de prevención retrasa diagnósticos que podrían haberse realizado de forma simple y accesible.

Diagnóstico por imágenes accesible y eficaz

Desde su campo, Macías destacó el papel de la ecografía abdominal como examen de primera línea para detectar hígado graso. Se trata de un estudio sencillo, rápido y relativamente económico que permite identificar la esteatosis sin procedimientos invasivos. Además, existen técnicas complementarias como la elastografía hepática, que evalúa la rigidez del órgano y cuantifica con precisión el grado de fibrosis existente.

Estos estudios pueden realizarse incluso sin una orden médica previa, como medida preventiva. En menos de media hora, con personal capacitado, es posible obtener un diagnóstico confiable. La población prioritaria para estos controles incluye a personas entre 30 y 60 años con factores de riesgo como diabetes, hipertensión, dislipidemias, obesidad, sedentarismo o consumo habitual de alcohol, así como quienes ya tienen antecedentes de alteraciones hepáticas.

Macías enfatizó que la imaginología es un pilar fundamental de la medicina moderna. Junto a los exámenes de laboratorio, permite al médico tratante llegar a diagnósticos oportunos y prevenir desenlaces graves. Estudios como ecografías, tomografías o resonancias constituyen herramientas clave para identificar enfermedades a tiempo y orientar decisiones clínicas que pueden salvar vidas.

Hábitos, educación y realismo terapéutico

Respecto al tratamiento del hígado graso, el especialista aclaró que no existen soluciones mágicas ni medicamentos capaces de revertir el problema de forma inmediata. La base del manejo es la educación del paciente, la conciencia sobre su condición y la adopción de un estilo de vida saludable. Mejorar la alimentación y realizar actividad física regular son las medidas más efectivas, aunque reconoce que su cumplimiento resulta difícil en el entorno actual.

Finalmente, Macías advirtió sobre la falsa confianza en suplementos o medicamentos que prometen proteger el hígado frente a excesos. Si bien algunos contienen vitaminas o compuestos que favorecen el metabolismo hepático, sus efectos son limitados y, en muchos casos, más psicológicos que reales. El mensaje central es claro: la prevención, los controles oportunos y la adopción de hábitos saludables son la mejor inversión para cuidar la salud hepática a largo plazo.