El Ecuador inicia el ejercicio fiscal de 2026 con una producción petrolera que refleja los esfuerzos por mantener la estabilidad en un sector marcado por la incertidumbre. Según los reportes del Banco Central del Ecuador, el 1 de enero de 2026 se registró un volumen de 472.017,61 barriles diarios. Esta cifra, aunque significativa, marca un punto de partida para una serie de fluctuaciones que caracterizaron los primeros doce días de este mes. La industria, que integra tanto a la empresa pública Petroecuador como a las operadoras privadas, busca consolidar su capacidad extractiva frente a los desafíos logísticos imperantes.
Durante el periodo analizado, el comportamiento de la producción petrolera nacional experimentó variaciones notables, alcanzando su punto más bajo el 5 de enero de 2026 con 454.847,86 barriles. A pesar de este descenso, se observó una recuperación paulatina hacia el final de la primera semana, llegando a los 469.523,05 barriles el día 6 de enero. Este monitoreo diario es vital para entender cómo el flujo de crudo ecuatoriano se adapta a las condiciones de los yacimientos activos en la región amazónica. Al concluir los primeros doce días de 2026, la cifra se situó en 466.059,74 barriles diarios.
Contrastes operativos entre los periodos 2025 y 2026 de la producción petrolera de Ecuador
Al realizar un cotejo con el año anterior, se evidencia que la producción petrolera de Ecuador del inicio de 2026 es sistemáticamente inferior a la reportada en 2025. Durante los primeros días de enero de 2025, el país mantenía un ritmo de extracción constante por encima de los 477.000 barriles diarios. Por ejemplo, el 1 de enero de 2025 la cifra alcanzó los 478.398,71 barriles, superando en más de seis mil unidades al registro del mismo día de 2026. Esta discrepancia inicial pone de relieve la necesidad de inversiones para sostener la eficiencia en la extracción de hidrocarburos frente al agotamiento de los campos.
El pico más alto de la producción petrolera en este arranque histórico ocurrió el 6 de enero de 2025, cuando se extrajeron 479.391,69 barriles. En contraste, en la misma fecha de 2026, la operatividad nacional solo permitió alcanzar los 469.523,05 barriles, lo que representa una reducción de diez mil barriles en comparación anual. Los datos reflejan que el 2025 comenzó con una fortaleza técnica que el país intenta emular en el presente ciclo económico, sin lograrlo aún plenamente. No obstante, la serie histórica demuestra que mantener estos niveles máximos requiere de una estabilidad estructural permanente en los sistemas de bombeo.
El impacto de la crisis de infraestructura en 2025
La producción petrolera del año 2025 no fue lineal y enfrentó una de sus crisis más agudas durante el mes de julio por fallas externas. En este periodo, la suspensión de operaciones en el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) y en el OCP provocó un desplome del 69% en la extracción diaria. La causa principal de este colapso fue el avance súbito de la erosión regresiva en el río Coca, específicamente en el sector conocido como río Loco. Esta situación climática crítica obligó a paralizar el transporte de crudo para evitar desastres ambientales por posibles roturas en las tuberías troncales.
Como resultado de esta medida preventiva en los oleoductos, la producción petrolera cayó a niveles mínimos históricos, registrando apenas 31.831,21 barriles el 22 de julio de 2025. Días antes, el 6 de julio, el país ya había visto cómo su volumen descendía a 167.067 barriles, lo que significó el apagado progresivo de más de 2.400 pozos en la Amazonía. Este evento marcó el punto más bajo de todo el año, evidenciando la vulnerabilidad de la infraestructura estratégica del Estado frente a fenómenos naturales de gran magnitud. El impacto económico fue severo, estimándose pérdidas millonarias debido a la falta de exportación de crudo Oriente y Napo.
Recuperación y estabilización del sector energético
Tras la construcción de variantes y bypass técnicos, la producción petrolera nacional inició un lento proceso de recuperación hacia finales de agosto de 2025. Para el 31 de agosto de ese año, la cifra ya se ubicaba en 470.949,06 barriles, acercándose nuevamente a los promedios de normalidad operativa. Sin embargo, el sector no logró mantener una línea constante, pues en noviembre se registraron nuevas caídas temporales hasta los 407.048,39 barriles diarios. Estas oscilaciones demuestran que la seguridad operativa del SOTE es fundamental para garantizar los ingresos fiscales del país de manera recurrente.
A pesar de los desafíos, la producción petrolera cerró el año 2025 con una tendencia a la estabilización, reportando 472.610,99 barriles el 31 de diciembre. Este cierre positivo permitió que el país iniciara el 2026 con una perspectiva optimista, aunque los datos actuales muestran que todavía no se alcanzan los niveles de pre-crisis de inicios de 2025. La gestión conjunta entre la estatal y las empresas privadas sigue siendo el motor que impulsa la economía nacional a través de las ventas externas. La resiliencia del sector energético se pone a prueba con cada meta diaria de barriles extraídos de los campos.
Perspectivas para el primer trimestre de 2026 sobre la producción petrolera de Ecuador
Al cerrar los primeros doce días de enero de 2026, la producción petrolera de Ecuador promedio se mantiene en el rango de los 466.000 barriles diarios. El 12 de enero, último dato registrado en el informe técnico, la extracción fue de 466.059,74 barriles, reflejando un equilibrio frente a la volatilidad de la semana previa. Es fundamental que el Estado mantenga el mantenimiento preventivo de las líneas de transporte para evitar repetir los escenarios de parálisis total vividos el año pasado. La vigilancia constante de la erosión en la cuenca amazónica es una prioridad para la sostenibilidad del sector energético nacional.
En conclusión, la producción petrolera del Ecuador en 2026 arranca con cautela, aprendiendo de las lecciones dejadas por los daños en el SOTE y el OCP durante 2025. El cumplimiento de las metas de desarrollo depende directamente de la capacidad de mantener el flujo diario de crudo hacia las terminales de Balao. La industria petrolera sigue siendo el principal sustento de las finanzas públicas, y su comportamiento en estos primeros días del año es un indicador clave para el presupuesto. El país observa con atención el devenir de su recurso más valioso en un contexto de alta competitividad global.