La madrugada del sábado 3 de enero de 2026 quedará marcada en la historia por la captura de Nicolás Maduro, un hecho que generó celebraciones espontáneas en las calles de Venezuela y el mundo. Sin embargo, tras la euforia surge una interrogante crítica: ¿Ha caído realmente la dictadura o solo el dictador? Para analizar el complejo escenario de poder, el control de las fuerzas armadas y el papel de la administración de Donald Trump, en un espacio de diálogo de Manavisión Plus el analista político Alfredo Espinosa, explicó el panorama.
-Analista, la detención de Nicolás Maduro sorprendió al mundo. Muchos venezolanos celebran el fin del chavismo, pero ¿qué lectura le deja esta captura? ¿Cae el régimen con la caída del expresidente?
No, los hechos han demostrado que el régimen de Chávez, la estructura madurista con la cual gobernó el expresidente capturado y viciado —siendo sujeto de enjuiciamiento en una corte en Nueva York—, se mantiene incólume. Es decir, los Estados Unidos administran el poder gubernamental en Venezuela bajo la estructura que dejó Maduro. Eso responde a varias lógicas. La primera es que no existen garantías para una transición manejada por la oposición antichavista. Ni Edmundo González, quien supuestamente es presidente, ni María Corina Machado, controlan tres elementos clave: las fuerzas coercitivas (policía y militares), las milicias ciudadanas armadas y una voz hegemónica dentro de la misma oposición. Al no tener control sobre esto, no hay garantía de una transición sin el riesgo de una guerra civil o golpes de Estado internos.
-¿Cómo evalúa entonces el papel de Donald Trump en esta operación de extracción?
Creo que Trump, desde un pragmatismo político muy elocuente, evalúa esto como la imposibilidad de dejar en saldo cero una captura que fue exitosa. Irrumpió bajo parámetros distintos a las invasiones convencionales; no hubo grandes oleadas militares penetrando fronteras, sino una captura quirúrgica del presidente con bajas importantes en su grupo de seguridad más cercano. Sin embargo, la democracia está muy lejana. Ha caído un dictador, pero la dictadura no se ha desvanecido. La transición que plantea Trump no es hacia la democracia, sino hacia la consolidación de los Estados Unidos como un régimen imperialista. Es una nueva versión de la Doctrina Monroe.
-Usted menciona una "nueva versión de la Doctrina Monroe". ¿Qué implicaciones tiene esto para la región?
Hemos pasado de "América para los americanos" a una lógica global donde los intereses de la administración Trump se vuelven objetivos militares deseados. Lo de Venezuela es el abreboca de una corriente acelerada de EE. UU. por tener injerencia directa: si un gobierno de oposición no me conviene, lo saco y genero incidencia con administradores norteamericanos sin pisar el suelo, como ocurre hoy en Venezuela. Esto resquebraja la visión de un orden mundial multipolar y elimina el equilibrio de poder entre potencias como China y Rusia.
-Se habla de fases de recuperación y de la importancia del petróleo. ¿Cuál es el escenario más probable para Venezuela en los próximos 12 meses?
Habrá una injerencia permanente en lo político y comercial. No significa que no habrá elecciones; los Estados Unidos, a través de Marco Rubio y el vicepresidente Vance, armarán la arquitectura de un nuevo proceso electoral. Pero hay que ver bajo qué términos. Actualmente, la presencia de grandes transnacionales está ahí. Ayer se anunció el envío de entre 30 mil y 50 mil barriles de crudo en buques; la explotación y comercio directo con Venezuela ha comenzado, dejando de lado a socios como China y Rusia. El petróleo es el verdadero beneficio que EE. UU. considera que le pertenece.
-Ante instituciones debilitadas en Venezuela, ¿cómo debería actuar la comunidad internacional?
Lo primero sería que Estados Unidos respete la Carta de Naciones Unidas, cuyos artículos 1 y 2 han sido violados flagrantemente al violentar la soberanía de un estado miembro. Veo difícil que la comunidad internacional pueda influir. La lógica de Trump es que todo aquel que interfiera con los intereses estadounidenses será descartable. Se requiere una recomposición institucional total: una nueva Constitución, sanear el Consejo Nacional Electoral y profesionalizar a las Fuerzas Armadas para que no sean partidizadas, pero para que eso ocurra, tendrá que pasar un buen tiempo.
-El presidente de Chile, Gabriel Boric, advirtió que "hoy es Venezuela, mañana podría ser cualquier país". ¿Existe un amparo legal para estas incursiones?
No hay ley que permita eso. Según convenios internacionales, nada legitima la invasión de un país a otro sin aval de Naciones Unidas. Trump utiliza la narrativa del combate al narcotráfico, pero esto abre la puerta a un "apetito voraz" hemisférico. Trump ha sido sincero: nunca dijo que iba a restablecer la democracia, dijo que iba tras el petróleo y que operaría contra Maduro, y cumplió. Es una amenaza para la región si existen gobiernos con posiciones ideológicas distintas a los intereses de Washington.
-Finalmente, la liberación de presos políticos parece un gesto positivo. ¿Da esto una esperanza real a los ciudadanos?
Es un gesto de sensibilidad y una de las condiciones para generar confianza en la comunidad internacional. Muchos venezolanos ven el petróleo como el precio que tienen que pagar por la libertad. Esperemos que esto les dé una bocanada de oxígeno para tener esperanza en que vendrán mejores días, mejores condiciones laborales y paz social por fuera del eje del Partido Socialista de ese país.