Guardar correctamente los alimentos frescos en el hogar no solo ayuda a que duren más tiempo, sino que también preserva su sabor, textura y aporte nutricional. Aunque la refrigeración suele asociarse con conservación, no todos los productos vegetales reaccionan bien a las bajas temperaturas.

Diversos estudios y guías de organismos como el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) coinciden en que algunas frutas y hortalizas sufren daños fisiológicos cuando se almacenan en frío.

Estos daños pueden traducirse en pérdida de vitaminas, cambios en la consistencia, sabores desagradables o un proceso de maduración alterado. Por eso, conocer qué alimentos van a la nevera y cuáles deben permanecer fuera es clave en la rutina doméstica.

Cuando el frío protege y alarga la vida útil

La refrigeración es fundamental para productos con alto contenido de agua o que ya han alcanzado su punto de madurez. En estos casos, el frío ralentiza el crecimiento de bacterias y hongos, y reduce el deterioro natural.

Las hortalizas de hoja verde, por ejemplo, se deshidratan y se marchitan rápidamente a temperatura ambiente. En la nevera, conservan firmeza y color por más tiempo. Algo similar ocurre con frutas pequeñas y delicadas, propensas a fermentar o ablandarse.

También es importante considerar si el producto está entero o cortado. Una vez abierto, pelado o troceado, prácticamente cualquier fruta u hortaliza debe refrigerarse para evitar contaminación y pérdida acelerada de calidad.

Productos que sí se pueden guardar en la nevera:

• Lechuga

• Espinaca

• Brócoli

• Zanahoria

• Coliflor

• Fresas

• Uvas

• Manzanas

• Peras

• Arándanos

Alimentos que se dañan con la refrigeración

No todos los vegetales toleran bien las bajas temperaturas. Algunos desarrollan lo que se conoce como "daño por frío", un fenómeno que afecta su estructura celular y altera procesos naturales como la maduración.

La papa es uno de los ejemplos más conocidos. Al refrigerarse, su almidón se transforma en azúcares, lo que modifica su sabor y hace que, al cocinarse, se oscurezca más rápido. Además, el frío favorece la aparición de brotes.

Otras frutas tropicales, como el plátano o el mango, interrumpen su maduración en la nevera, volviéndose harinosas o perdiendo aroma. En estos casos, lo ideal es un espacio seco, ventilado y alejado de la luz directa.

Productos que no se deben guardar en la nevera:

• Papa

• Cebolla

• Ajo

• Tomate

• Plátano

• Mango

• Papaya

• Aguacate (sin madurar)

• Calabaza entera

• Batata

Factores que influyen en la conservación adecuada

Más allá de la lista, hay factores clave a considerar. La humedad excesiva acelera la descomposición, mientras que la falta de ventilación favorece la aparición de moho. Por eso, muchos refrigeradores incluyen cajones especiales para frutas y hortalizas.

Otro aspecto importante es el gas etileno, liberado por frutas como manzanas y bananas, que acelera la maduración de otros productos cercanos. Separarlos evita que se dañen antes de tiempo.

Finalmente, los especialistas recomiendan no lavar frutas y hortalizas antes de almacenarlas, ya que la humedad residual favorece microorganismos. El lavado debe hacerse justo antes del consumo.

Aplicar estas recomendaciones permite conservar mejor los alimentos, cuidar la salud y reducir el desperdicio, una práctica respaldada por entidades sanitarias y agrícolas a nivel internacional.